Imelda
Y tú, ¿a quién le pides perdón por ser quien eres?, por tener esos ojos que iluminan en la oscuridad, pero que destruyen cuanto tocan.
¿Qué precio pagas?, por tener esa sonrisa etérea, que al enamorado atrofia y languidece.
¿Cuál es tu culpa niña bella?, que de tu cuerpo se desprenda el aroma inocencia, que corrompe y envenena.
¿Quién te acusa?, si tu maldad cesa por la noche, al convertirte en una Afrodita que no sólo abre los brazos para dar calor al amante desesperado.
¿Quién te juzga niña Imelda?, si tu maldad visible sólo de día, te ha robado sus caricias.