... por el contrario, sólo permanecieron los días donde reinaba el silencio,
ese silencio interno y obligado por la ausencia de respuestas.
Días que con su paso, sólo dejaron deudas...

Ha pasado el tiempo y todavía me debo aquélla sonrisa que hipotequé a cambio de esperanza. Poco a poco voy recuperando la lucidez y mi capacidad de sentir que empeñé ese verano, mismo en el que había planeado mis vacaciones soñadas. Tuve que cambiar mi boleto de primera clase con destino a Feliz, por otro, con destino al único lugar que irremediablemente me alcanzaba pagar: Soledad. Llegué tan cargada de maletas llenas de preguntas eternas.

Hoy he sacado la cuenta y al menos me complace saber que solo me debo risas, estabilidad emocional, voluntad, amor y paciencia; afortunadamente hace ya algunas tardes llegó mi cheque de perdón.